Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

El estudio está hecho a manera que los nuevos en las cosas de Dios puedan entendrlo sin dificultades.

 

El Reino de Dios, en las conclusiones del Antiguo y del Nuevo Testamento, indican que será un Reino terrenal, en el sentido concreto. Este Reino anunciado por los profetas de Dios en el Antiguo Testamento tendrá un jefe elegido previa y divinamente, una cabeza por demás excelente que lo gobernará como un Reino político y espiritual y el cual los creyentes de estos tiempos de remarcada aridez espiritual, de sequedad de amor, esperan con paciencia entre indeseables luchas, en medio de pruebas y seductoras tentaciones en esta oscura y tentadora edad presente. Y me refiero a Cristo, el Hijo de Dios, el que ha recibido del Padre la suma potestad para gobernar el mundo el día de mañana por todo un Milenio. El Salmo 2 lo muestra de esta manera:

 

«Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás» (Sal. 2:6-9).

 

Es evidente que esto no exhibe un Reino de Dios en los corazones de los creyentes, pensamiento que con frecuencia es enseñado en los medios “cristiano-evangélicos”. Esta exigencia es muy difícil que se acomode al contexto de los versos antes presentados. Su literalidad es contundente. Es de interés comentar que en el método de interpretación espirtualizada no se muestra el Reino de Dios como una armoniosa [unidad] debido a que es una interpretación caprichosa y demasiado confusa, contrariamente a lo que el método literal de interpretación nos expone. En los textos previos, miramos a un Rey, a un importante y especial Soberano que consumirá en su Ira a los impíos e insujetos en su ardiente regreso (Mt. 24:27, 29; Ap. 6:16-17; Ap. 16:16; Ap. 19). Es imposible hallar aquí el menor rasgo de un gobierno espiritual puro confinado en las regiones celestiales y en las que Dios el Padre habita en compañía de sus benditas miríadas angélicas. Este Reino no será incorpóreo ni estará desunido con lo material. Será [espirtual] porque los decretos y mandatos del Creador serán cristalizados, en efecto, por el que lo gobierne y por los que serán gobernantes y gobernados. Será un Reino de extensión universal, cronológicamente temporal, en el que habrá cambios radicales sociales y económicos para un bien común, donde las guerras serán abolidas, y el «conocimiento de Dios» se coronará glorioso y resplandeciente (Is. 11:9).

 

El Reino de Dios será un Reino político (Sal. 2:6), uno [monárquico], porque uno solo gobernará, Dios, por medio de su representante o regente terráqueo, el Cristo, el Hijo del Hombre (Mt. 24:30), el Mesías Humano de Dios. Este Reino será espiritual por fundamento y terrenal en su manifestación exterior, porque Cristo lo regirá visiblemente sobre el trono de David, su padre (Is. 9.7; Lc. 1:32). El profeta Isaías hace hincapié en esta cuestión:« . . . sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío» (Is.1:4).

 

No habrá otro lugar más que en la tierra en que el Reino de Dios será establecido:

 

«No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar». (Is.11:9).

 

«Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido» (Dn. 7:13-14).

 

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt.5:5).

 

Cristo, como el Hijo de David, se sentará en el trono de su gloria para reinar la tierra por mil años (Mt. 25:31; Ap. 20:4, 6). La profecía veterotestamentaria nos revela con respecto a este Reinado terrenal del Mesías de Dios. Veamos, pues:

 

«Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente» (2 S. 7:16). (véase además por favor: Sal. 89:20-37; Is. 11; Jer. 33:19-21).

 

Cristo, como el futuro Rey terrenal prometido y del linaje de David, es anunciado por el heraldo celestial para este propósito:«Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc. 1:31-32).

 

Cristo reinará el mundo regenerado de manera personal; esto es visto en Jer. 23:6; Zac. 14:9; Is. 11:3, 4; Sal. 72:6-11. El gobierno de Cristo se caracterizará por una paz y justicia universal ( Is. 2:4; Sal. 72:7; Is.11:4, 5; Jer. 23:5, 6., respectivamente). Cristo regirá la tierra «con vara de hierro» (Sal. 2:8, 9; Ap. 2:27; 19:15), bajo los mandatos establecidos por su Padre y Dios, quien le ha dado «poder» y «autoridad» para gobernar en su Nombre (Mt. 28:18).

 

El Reino de Dios será uno Teocrático.

 

Se define Teocracia al gobierno del estado mediante la inmediata dirección de Dios. Ejemplo tenemos de esto, el reino teocrático bajo los reyes. Para Dios, el modo ideal de gobierno sería el monárquico. Este gobierno o reinado monárquico estaría dirigido por un rey propuesto por su perfecta voluntad. Dicho [rey] se le había prometido antes al patriarca Abraham (Gn. 17:5-7) y a Jacob (Gn. 35:11). A Saúl se le otorgó la profesión de rey por designio divino (1 S. 12:13). Este rey debía estar capacitado en su formación religiosa para reinar un gobierno de características célicas y políticamente terrenales, ya que habría de sentarse, como sustituto de Dios, «en el trono del reino de Jehová sobre Israel» (1 Cr. 17:14; 28:5; 29:23). Sería el «ungido de Jehová» (1 S. 24:10; 26:9; 2 S. 1:14). Jamás nunca el Reino de Dios fue presentado en el Antiguo Testamento como un tipo o prefigura. El pacto y las profecías que convergen en una encomiable unidad nos muestra su objetividad futura y que es nítidamente corroborada en el Nuevo Testamento. Cuando Saúl desobedeció a Dios, la autoridad que una vez tuvo como rey fue traspasada a David (1 S. 16:1-13). Esta [transeferencia de poder] está relacionada indudablemente con el despliegue del futuro Reino de Cristo en el mundo. La Biblia revela que Dios hizo un pacto con el rey David, un pacto incondicional en el que le aseguró que su reino no terminaría y que «uno» de su linaje habría de reinar por siempre (2 S. 7:16). Este descendiente real se devela en Lc. 1:31-32, y es Jesús, el Cristo, el designado para gobernar el mundo, que por ser la Raíz de David él es el Heredero legítimo Humano del trono davídico (Is. 11:1, 10; Os. 3:4-5; Jer. 23:5; Zac. 3:8; 6:12; Ez. 34:23; 37:24; Mt. 1:22-23; 22:41; Ap. 22:16). Cristo, en su segunda venida, es descrito como Rey de reyes y Señor de Señores (Ap. 19:16). Existen muchas textos Escriturales dando fe de qué Cristo reinará sobre la tierra pero no en el «tercer cielo» (véase Is. 2:1-4; 9:6-7; 11:1-10; 16:5; 24:23; 32:1; 40:1-11; 42:1-4; 52:7-15; 55:4; Dn. 2:44; 7:27; Mi. 4:1-8; 5:2-5; Zac. 9:9; 14:16-17).

 

El Reino de Dios es por naturaleza escatológico, es decir, que su erguimiento y manifestación habrá de ser futura. No es viable su perceptibilidad hogaño, sino hasta que sean depuestos todos los gobiernos del mundo actual, cuando Cristo venga por segunda vez a destruirlos en la increpancia de su Dios… y para siempre. Con respecto a este Reino de Dios escatológico, en Dn.2:44, 45 se comenta que en «los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido». «Estos reyes» de los que Daniel habla son los que componen el [reino dividido], que son los [pies y los dedos mezclados con hierro y barro cocido] en Dn. 2:41. «Estos reyes» o «reinos», [harán alianzas humanas], aunque entre ellos no estarán cohesionados con firmeza. Esto sucederá un poco antes del regreso de Cristo. «Estos reyes» son los «diez cuernos» o «diez reyes» que aparecen en la cuarta bestia de Dn. 7:7. Dios establecerá su Reino terrenal después de que «estos reyes» o «cuernos» «por una hora hayan recibido autoridad como reyes juntamente con la bestia» (Ap. 17:12), con Anticristo Final, el temible y ambicioso monarca del postrer poderío gentil (Ap. 17:13). Dn. 7:25-27 nos hace ver que los «diez reyes» son continuados por por el Reino que será «dado al pueblo de los santos del Altísimo». En el tiempo de «estos reyes», Cristo, que es la «Piedra que no fue cortada con mano humana», caerá sobre la imagen de Dn. 2:31 y que representa los reinos habidos más importantes de las civilizaciones del mundo; y precisamente, arremeterá con el último, con el del Anticristo escatólogico, representado por los [pies y los dedos] de la estatua polimetálica, por la base que la sostiene. Cuando esto suceda, la «Piedra que hirió la imagen será hecha un «gran monte» que llenará toda la tierra. El «gran monte» representa el Reino de Dios que la Piedra hiriente, Cristo, gobernará triunfante por largo tiempo y en santa paz. Únicamente de este modo los reinos del mundo se trasnsformarán en el Reino de «Nuestro Dios y de Su Cristo» (Ap. 11:15). Jerusalén será la capital política y religiosa de este maravilloso Reino, en la hermosa y renovada tierra Milenaria (Is. 2:2-4; Mi. 4:1-3; Zac. 14:16-19).Es clarísimo que el Reino de Dios no pude ser la Iglesia porque nada de esto se ha visto en ella. La profecía del Reino de Dios sólo se cumplirá con el regreso de Cristo y con la resurrección de los santos en general, a los que han pertenecido a la Iglesia y a los del Antiguo Testamento (1 Ts. 4:16-17; Dn. 12:2a y b, 3).

 

No es nada considerable pensar que el Reino de Dios sea sinónimo del Reino Eterno o del «tercer cielo» en donde [uno] supuestamente va en el momento de la muerte, de tal forma que no tenga ninguna relación con la tierra. Tampoco se detecta en la Biblia que sea un “reino inmaterial” o “etéreo” en el que Dios “reina en los corazones” de cada creyente en Cristo. Este [Reino] tampoco tiene que ver un mover nacionalista de parte de Israel que la convertirá en un estado político independiente.No cabe duda, por lo que se establece en las Santas Escrituras, que el Reino de Dios será una manifestación en el orbe terrenal, regenerado, de la voluntad y de la soberanía de Dios, de forma que este reino se conciba espirtual y materialmente. Esto es lo mejor que se apega en su contenido.

 

Los dejo con estas preciosas y esperanzadoras letras del Ireneo de Lyon, Padre de la Iglesia Primitiva:

 

«. . . Esto es lo que recuerdan haber oído de Juan, el discípulo de Jesús, los presbíteros que lo conocieron, acerca de cómo el Señor les había instruido sobre aquellos tiempos: «Llegarán días en los cuales cada viña tendrá diez mil cepas, cada cepa diez mil ramas, cada rama diez mil racimos, cada racimo diez mil uvas, y cada uva exprimida producirá 25 medidas de vino. Y cuando uno de los santos corte un racimo, otro racimo le gritará:¡Yo soy mejor racimo, cómeme y bendice por mí al Señor! De igual modo un grano de trigo [1214] producirá diez mil espigas, cada espiga a su vez diez mil granos y cada grano cinco libras de harina pura. Lo mismo sucederá con cada fruto, hierba y semilla, guardando cada uno la misma proporción. Y todos los animales que coman los alimentos de esta tierra, se harán mansos y vivirán en paz entre sí, enteramente sujetos al hombre».«El anciano Papías, que también escuchó a Juan como compañero de Policarpo, ofrece el testimonio siguiente en el cuarto de sus cinco libros, añadiendo: «Cuantos tienen fe aceptarán lo anterior. Y como Judas el traidor no creyese y le preguntase: ¿Cómo podrá el Señor producir tales frutos?, el Señor le respondió: Lo verán quienes irán a esa tierra».

 

Ireneo de Lyon (Contra los Herejes, 180 d.C.).1. Teología Sistemática. Lewis Sperry Chafer.2. Biblia Reina Valera 1960.3. Manual de Teología Bíblica. Dr. Stanton Richardson.4. Eventos del Porvenir (Estudios de Escatología Bíblica).J. Dwight Pentecost..5. Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento.A.T. Robertson.6. Contra los Herejes. Ireneo de Lyon.
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