Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Un gobierno Justo

Por muchos milenios los hombres han buscado ser regidos con equidad y justicia, y pocas veces han encontrado en sus líderes el carácter moral ideal que se esperaría de ellos como dirigentes o jueces. Las más de las veces los líderes de las naciones han gobernado a espaldas de su pueblo y se han vuelto tiranos o déspotas, individuos que sólo han buscado enriquecerse y hacerse poderosos y temidos. Y este vicio no ha disminuido con el correr de los siglos, sino que se ha mantenido igual y en muchos casos se ha agravado más aún. Muchos regímenes han sido más crueles e injustos que otros, y son pocos los que han sabido administrarlos con equidad y sabiduría, especialmente a favor de los pobres y desposeídos.
Definitivamente todo hombre se ve involucrado en la política de su país o de su pueblo, ya sea activamente como postulantes a líderes, o de una manera menos directa a través de su voto en las urnas, para apoyar a los candidatos más idóneos y carismáticos que ofrecen con seriedad y honradez hacer cambios o correcciones administrativos que son necesarios para el bien del pueblo o de la comunidad. Perentoriamente el ser humano no puede vivir sin un liderazgo en la política y también en la religión. Uno no puede prescindir de jueces sabios y rectos que administren justicia, de alcaldes que se preocupen de hacer obras y de ordenar sus ciudades, o de las fuerzas del orden para que apliquen la ley y detengan a los que desobedecen las ordenanzas, cuando cometen delitos flagrantes. Sin embargo, por más esfuerzos que se hagan para tener autoridades ejemplares, éstas no han sido siempre impecables y justicieras del todo.

El reino de Dios es el fin de los tiempos de los gobiernos gentiles

Hace casi veinte siglos, Su Majestad, el Señor Jesús, el rey del reino de Dios, profetizó que antes de su regreso en gloria para tomar su trono y su cetro en Jerusalén, sus embajadores escogidos estarían anunciando al mundo entero las buenas noticias de la restauración del reino venidero del Cristo en la tierra. Es decir, ellos estarían ejerciendo la función de pregoneros de ese añorado y estupendo gobierno utópico que la Biblia llama el reino o gobierno de Dios, el cual traerá, por fin, la tan anhelada paz y justicia a las personas de buena voluntad (Mateo 24:14).

Mientras esto viniese a hacerse una realidad, Jerusalén sería hollada por los gentiles. “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”. (Lc. 21:24). Y así fue. A partir de la destrucción del segundo templo Israel pasa a manos de poderes gentiles. De los Romanos a los Bizantinos a Musulmanes a los Cristianos (Roma) de regreso a los Musulmanes hasta Gran Bretaña. Judea entonces estaba bajo el control y el dominio férreo de Roma, y Jerusalén, la ciudad capital de los reyes judíos, fue pisoteada por el imperio romano cuando cayó bajo Tito en el año 70 DC. Así que la dominación gentil sobre la tierra santa se extendió por mucho tiempo, y muchos cristianos creen que la profecía de Jesucristo sobre la profanación o pisoteo de Jerusalén por parte de los gentiles terminó en 1948 DC cuando se funda el Estado de Israel. Sin embargo, si aún pensamos que habrá un segundo templo antes de que Cristo regrese, y que éste será profanado por los gentiles, entonces la profecía del fin de los tiempos de los gentiles aún no ha llegado. Esta profecía de Lc 21:24 aún esperaría su cumplimiento con el regreso de Cristo, cuando el Asirio, la figura del Anticristo, sea destruido en los montes de Israel para luego restablecer el reino mesiánico o davídico mundial y milenial.

La restauración de todas las cosas

Por lo tanto es más que seguro que dominio gentil se extenderá hasta que el pueblo del pacto y su reino de antaño sean completamente restaurados con la presencia de Su Mesías victorioso. La historia jamás contada es aquella del final de la opresión de los paganos y de los infieles, y la regeneración o restauración de todas las cosas, principalmente, el reino de Dios. Dice Hechos 3:19-21: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.

Sin duda la visión de Daniel 2 nos predice una sucesión de los imperios mundiales que vendrían en el mundo y que finalmente serán destruidos y hechos polvo por el golpe furibundo de una roca no cortada con mano humana la cual finalmente crecerá hasta cubrir toda la tierra (Daniel 2:44). La última bestia compuesta de diez cabezas o reyes gentiles, también será finalmente destruida por la roca, que es Cristo, el Señor, en su parusía. Definitivamente el fin del dominio gentil habrá llegado con la venida del Rey, quien los destruirá para inaugurar luego su gobierno mundial con los verdaderos israelitas, con los que son hijos de Abraham por la fe, tanto los naturales, como los adoptivos de entre los gentiles.

Así que mientras su Majestad no vuelva, el mundo tendrá que soportar las injusticias, las guerras, y los sufrimientos que nos aquejan a todos en diferentes medidas, así como también a gobernantes indolentes e impíos que no se conmueven por los pobres de la tierra y que gobiernan de espaldas al Creador.

Oremos constantemente para que el reino de Dios venga, y se haga, por fin, la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo (Mateo 6:10,33).

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