Juan “El Bautista”, Un profeta que hizo más que solo bautizar.

 

A diferencia de las narraciones de Mateo y de Lucas, el Evangelio según san Marcos comienza con una corta frase que resume el mensaje de su escrito: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (1.1).

Esta frase dice mucho más de lo que parece. Su primera palabra es “principio” –en griego “arché”– es la misma palabra con la que comienzan tanto la versión griega del libro de Génesis, como el Evangelio de Juan. Marcos usa este término precisamente para afirmar así que el ministerio de Jesús de Nazaret marcó el comienzo de una nueva creación.

Una y otra vez, Marcos usará frases, palabras, alusiones y hasta citas directas del Antiguo Testamento, para relatar la historia de Jesús y de las personas que lo siguieron con fe. Es decir, Marcos explica la nueva historia de Jesús de Nazaret a la luz de la historia antigua del pueblo de Israel. El lenguaje del Nuevo Testamento evoca la patria, el hogar, la poesía y las tradiciones del antiguo Israel.

 

El antiguo y nuevo profeta

La historia de Juan el Bautista ofrece otro ejemplo de la manera en que Marcos usa el lenguaje del Antiguo Testamento, para explicar los nuevos eventos que han ocurrido en la historia de Israel. De entrada, Marcos cita dos versículos del Antiguo Testamento: Malaquías 3.1 e Isaías 40.3, para describir los ministerios de Jesús y de Juan el Bautista. Marcos 1.2 3 dice: “Como está escrito en el profeta Isaías: ‘Yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor. ¡Enderezad sus sendas!’’”. De esta manera, Marcos sugiere que el Bautista es el “mensajero” que ha de preparar el camino de Jesús.

La vestimenta y la dieta de Juan el Bautista también evocan el Antiguo Testamento. El “vestido de pelo de camello” y el “cinto de cuero alrededor de su cintura”, eran la vestimenta típica de los beduinos nómadas que vivían a las orillas del desierto de Judá. Juan también comía “langostas (saltamontes) y miel silvestre”, tal como los beduinos acostumbraban comer saltamontes asados con sal, y panales de miel que encontraban entre las rocas. Su manera de vestir y su forma de comer recuerdan el paso del pueblo de Israel por el desierto, cuando se encontraban en camino desde Egipto a la tierra prometida.

Aunque nos parezca raro, el elemento que más preocupaba a las autoridades religiosas y políticas sobre Juan el Bautista era precisamente el lugar donde llevaba a cabo su ministerio: el desierto. Como sabe toda persona que conozca siquiera un poco sobre la historia de Israel, el éxodo es el evento central en la memoria del pueblo hebreo. Los israelitas salieron de Egipto bajo el liderazgo de Moisés, y atravesaron el desierto para llegar a la tierra de Canaán. Por esta razón, en la Biblia el “desierto” es un símbolo muy importante. Representa la resistencia contra la opresión, la lucha por la libertad y, por lo tanto, la liberación.

Para complicar las cosas, Juan bautizaba en el río Jordán. Como bien recordaremos, el pueblo de Israel no sólo atravesó el Mar Rojo en su camino a la tierra prometida, sino que también atravesó el Jordán bajo el liderazgo de Josué. Más adelante en la historia, Jesús de Nazaret viajará desde la región de Galilea hasta el río Jordán para ser bautizado por Juan. Es muy interesante observar que el nombre “Jesús” es la versión griega del nombre hebreo “Josué”. Marcos presenta a Jesús como el “nuevo Josué” que atravesará el Jordán para conducir a un nuevo “pueblo de Dios” a la “tierra prometida”.

 

El significado del bautismo

En todas las culturas del mundo, el agua es un símbolo de limpieza y de purificación. El Antiguo Testamento no es la excepción. Los israelitas acostumbraban sumergirse en agua para purificarse ritualmente. En el tiempo de Jesús, estas purificaciones con agua tomaron un significado más profundo. Los fariseos adoptaron la costumbre de darse un baño ritual todos los sábados, sumergiéndose en agua por completo. El ritual era sumamente complejo, pues requería una bañera construida de acuerdo a medidas estipuladas por los maestros de la ley. Además, para este baño sólo podía usarse agua de lluvia recogida por un sistema especial de canaletas. Los miembros de otra secta judía, los esenios de Qumran, acostumbraban tomar baños rituales hasta tres veces por semana.

Un detalle importante es que los fariseos comenzaron a exigirles a las personas extranjeras que se convertían al judaísmo, que tomaran un baño ritual como parte de las ceremonias de iniciación. Estos conversos de origen extranjero –llamados “prosélitos”– se sumergían en agua como símbolo de purificación total. Dado que la palabra griega para sumergir en agua es el verbo “baptizo”, puede ser que este ritual fariseo sea uno de los precursores del bautismo de Juan, y también del bautismo cristiano.

De todos modos, el bautismo tiene otros antecedentes en la historia de Israel. Par un lado, evoca el cruce del Mar Rojo y del Jordán. Por otro, nos recuerda la curación de la lepra de Naamán, el general extranjero –sirio– que se purificó en las aguas del río Jordán a instancias del profeta Eliseo (2 Reyes 5).

Todo esto nos lleva a concluir que el ritual del bautismo practicado por Juan también fue motivo de preocupación para las autoridades romanas y para el gobierno colonial judío. Por un lado, evocaba la liberación de Egipto, la conquista de Canaán y la derrota de Naamán y el ejército sirio. Por otro lado, sugería que el pueblo de Dios debía purificarse, que los judíos estaban tan contaminados como los paganos, y que necesitaban una transformación radical.

Por todas estas razones, no debe extrañarnos que los que practicaban el bautismo fueran mirados como sospechosos. Tanto Juan como Jesús fueron perseguidos, apresados y asesinados por las fuerzas coloniales de seguridad. Tanto ellos como sus discípulos pagaron un precio muy alto por su obediencia a Dios.

 

El riesgo de obedecer

Para nosotros es extraño afirmar que obedecer a Dios es peligroso. La mayor parte de nosotros hemos crecido pensando que –por definición– un buen creyente es un buen ciudadano. Se nos hace difícil pensar que líderes cristianos estén en la lista de subversivos de gobierno alguno.

Sin embargo, esto es mucho más común de lo que podamos pensar. La fe cristiana tiene un carácter profético imposible de ignorar. Nuestra fe nos llama a un compromiso con Dios que, por definición, nos pone en contra de las instituciones y las personas que practican el mal. El compromiso cristiano nos lleva a identificarnos con las victimas, no con los victimarios.

Lo interesante es que este compromiso comienza con nuestro bautismo. La persona que se bautiza renuncia al pecado, a la práctica del mal y al dominio de Satanás. El ritual afirma que las personas que creen en el mensaje del evangelio son purificadas por el poder de Dios. El bautismo significa romper con la esclavitud; combatir a la opresión; adquirir libertad del pecado y de la muerte; comprometerse con el pueblo de Dios y tener la esperanza de llegar a la nueva tierra prometida. Además, el bautismo cristiano significa peligro, pues nos llama a arriesgarnos a obedecer a Dios.

 

Conclusión

Se cree que el ministerio de Juan el Bautista fue corto. La región donde llevó a cabo la mayor parte de su ministerio –mencionada en el Nuevo Testamento como “el otro lado del Jordán”– se llamaba Perea. Las regiones de Galilea y de Perea eran gobernadas por Herodes Antipas, que fuera hijo de Herodes el Grande y una mujer samaritana llamada Maltace. Aunque Antipas era nominalmente judío, en la práctica era un pagano que había sido educado en Roma. Durante su gobierno construyó varias ciudades para personas extranjeras y para la clase alta judía. También construyó templos para divinidades extranjeras.

Para colmo, Antipas repudió a su esposa –una mujer árabe, princesa del reino de Nabatea– para unirse a Herodías, una sobrina que estaba casada con uno de sus medio hermanos –también llamado Herodes–. Este hecho escandalizó al pueblo, dado que la ley prohibía este tipo de matrimonio. Juan el Bautista, que se consideraba a sí mismo como un profeta contemporáneo, se vio obligado a condenar la actitud del Tetrarca de Galilea. Con el tiempo, Juan fue acusado de sedición, perseguido, apresado y ejecutado par Herodes Antipas. Como ven, obedecer a Dios puede ser muy peligroso.

Fuente(s):

Mis estudios

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de danieldocecuatro

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